PARA EL DIA DEL ECLIPSE
(12 de agosto de 2026)
En su “El verano de Cervantes”, Antonio Muñoz Molina dice, entre novedosas y numerosas lecturas de su vida y obras, que la Biblia, el Corán, el Manifiesto comunista, Mein Kampf, han trastornado muchas más cabezas que el Amadís de Gaula en el Quijote y han causado mucho más daño al mundo. Son los programas que se insertan en nuestras vidas para darle significado y ansiada plenitud con consecuencias imprevisibles y muchas veces desquiciadas. Bien es verdad que en la lucidez final del Quijote reconozca su quimera.
Llama la atención que entre los cuerpos doctrinales, escrito por quien lo escribe, aparezca el Manifiesto comunista, como programa relato que trastorna cabezas, efectos materiales de la producción ideológica, formaciones teóricas elaboradas por élites concretas, cuando no iluminaciones reveladas. El Manifiesto comunista señala expresamente a esos productores de la teoría: “En la fase más aguda de la lucha de clases una pequeña fracción de la clase dominante se desprende de ella y se suma a la clase revolucionaria…especialmente un sector de los ideólogos burgueses que se han elevado a la comprensión teórica de todo el movimiento histórico” . Marx y Engels justificados. No es éste el lugar para la crítica del concepto de plusvalía y de la indeterminación de las clases sociales, a las que El Capital dedica página y media con las que termina el voluminoso texto. Sabemos aproximadamente qué son y que entran en conflictos, pero no se concretan más allá de características empíricas. En el 18 Brumario, magnífico estudio, pululan como personajes de novela, burguesía, proletariado, pequeñaburguesía, aristocracia, lumpenproletariado, y sus correspondientes fracciones, que explican acertadamente los hechos históricos del golpe de Napoleón III, pero como una fenomenal crónica. Gramsci desde la cárcel propone una guerra de posiciones en la sociedad y sus instituciones frente a la radical toma del Palacio de Invierno, la batalla cultural.
También los liberales tenemos diferentes programas ideológicos que constituyen al sujeto, con derechos y libertades individuales, como ciudadano libre y responsable no súbdito de ningún poder. Claro que si es cierto que el sujeto es portador de las relaciones sociales concretas donde desarrolla su existencia (träger) también es cierto que el experimento de las democracias liberales y el estado de derecho en coexistencia con economías de mercado, matriz del liberalismo, es en realidad históricamente breve. Y hoy también peligra ante el desarrollo tecnológico del capitalismo cognitivo. El ciudadano libre y responsable se convierte en una reliquia del pasado. Veamos.
El relato, la cosmovisión y la constitución del sujeto se entrelazan con la biología (86 mil millones de neuronas y sus conexiones): filosofía política, sociología y neurociencia cognitiva. Cada época histórica moldea no solo la mente ideológica, sino el cerebro físico de los individuos. El relato y la cosmovisión como «software» social es el mapa mental narrativo social, el marco de referencia que convierte la complejidad de la realidad en un orden predecible y que alcanza su potencialidad en la extensión a la mayor parte de la sociedad. El uso de la IA generativa puede imponer un nuevo relato de mediocridad uniformada al servicio de los dueños de los medios de producción cognitivos, lo que ya es una realidad cercana.
Pero la materialidad de sus efectos inciden en las redes neuronales como el «hardware» maleable (Neuroplasticidad).: el cerebro se reconfigura físicamente según las experiencias, los estímulos y, crucialmente, los relatos que habita. Cuando un sujeto adopta una cosmovisión, ciertas vías neuronales se fortalecen y otras se debilitan. Por ejemplo, una cultura basada en el colectivismo estimula redes cerebrales ligadas a la empatía comunitaria y el pensamiento holístico; una cultura hiperindividualista estimula áreas ligadas a la recompensa inmediata y el cálculo de coste-beneficio personal. El cerebro es un órgano biopolítico: las estructuras de poder de cada época no solo dominan los cuerpos externamente; colonizan el sistema nervioso. Los sesgos ideológicos, los tabúes y las certezas dogmáticas se asientan en circuitos neuronales consolidados (como la amígdala reaccionando con miedo ante el «enemigo» definido por el relato de la época: los huevos de corbata).
Nacemos con un cerebro inacabado que se estructura al interactuar con el entorno social. El lenguaje, las normas morales y el rol de clase de cada época actúan como los arquitectos de ese cableado. En la era digital del capitalismo cognitivo, el relato de la autorrealización constante y el bombardeo de estímulos en redes sociales configuran un cerebro fragmentado, adicto a la dopamina, ansioso y atomizado. En mi opinión este relato de la mediocridad uniformada se está imponiendo colectivizando a los sujetos, a los ciudadanos con cerebros listos para vivir el nuevo relato dominante frente a la banalidad de su existencia libre e independiente. Disuelve al sujeto y lo reestructura a su servicio hiriendo de muerte al humanismo. La encíclica Magnificat Humanitas, entre otros expertos, advierte del peligro de los algoritmos y herramientas tecnológicas controladas por pocos monopolios que producen su “verdad” mediante la desinformación sistemática y la marginación de sus oponentes. No es exagerado decir que están en peligro las democracias liberales sostenidas por individuos libres que se han convertido para los nuevos tecnopoderosos en un obstáculo para la implantación de su dominio. La tecnología digital permite el registro de todos sus datos. Y la formación social China no es alternativa, al contrario, parece su émulo, dominando a su población dócil, aborregada, alimentada y parece que contenta: no se pueden quejar, ni los dejan que se quejen. Espero que no nos ocurra también.
El Quijote recobra el sentido al final y vuelve de sus aventuras y ensoñaciones a la manchega dura realidad no sin añoranza de sus imaginarias andanzas trazadas por el Amadís de Gaula. Otras fábulas, como el paraíso del proletariado o la supremacía blanca, se pierden en las brumas del tiempo o pueden renacer en cualquier momento. Queda el soporte, el hardware, el träger. El humano donde inscribir el nuevo relato tecnológico, aunque no seamos más que datos manejables para los tecnos capitalistas cognitivos: ahumanos. Difícil resistir y dotarnos de discursos resilientes inmersos como estamos en la sociedad tecnológica. El capitalismo de la vigilancia (Shoshana Zuboff) cerca y amenaza al futuro humano. A punto de rendirnos, entregamos todos nuestros datos, dónde estamos, a dónde vamos, qué compramos y en qué comercios, qué gastamos, cuales son nuestros ingresos, nuestros amigos y relaciones familiares, viajes, itinerarios, qué música oímos, que leemos y… en qué pensamos.
¡Valiente panorama! Pero no seamos pesimistas. El liberalismo es un humanismo y nos reclamamos del pensamiento y prácticas de la cultura occidental, sin menoscabar otras. Tendremos que dominar a la tecno oligarquía y ponerla al servicio de las personas regulando los límites éticos, humanizando las relaciones sociales defendiendo los derechos y libertades individuales. Y charlar y comer con los familiares y amigos.
Jesús Pérez-Lanzac Muela
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